El saber que producen nuestras manos
La tierra nos da en flor su aspereza,
la más linda de todas sus flores.
Poema de Chile, Gabriela Mistral.
Esta exposición propone un recorrido por obras diversas de artistas que responden desde su oficio a la pregunta: ¿qué formas toma la resistencia local? Son distintas maneras de cuidar y defender los territorios que nos sostienen; así se entrelazan la defensa del agua y la tierra, la revalorización de oficios y técnicas tradicionales, la recuperación de memorias familiares y territoriales, el cuerpo como archivo, la denuncia frente a la violencia estructural y la celebración de modos de ver y de vivir profundamente ligados a la Región de Coquimbo: a la riqueza de su fauna y flora, al color de sus cerros, al aire diáfano y la tierra árida, elementos que marcan poblados, voces, historia, ritmos y desafíos.
Las obras se seleccionaron en base a su potencia intrínseca y también para organizar un relato colectivo que expande los ejes curatoriales: la memoria que llevan consigo ciertos materiales, el rescate de técnicas tradicionales y las tramas universales que surgen desde lo íntimo. Aquí, lo endémico —lo característico o exclusivo de un territorio específico-no es una categoría excluyente, sino una metáfora de la fuerza que emerge desde lo local para resistir la homogenización, el extractivismo y el olvido.
La idea de que "el saber también se produce con las manos", frase de Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga y pensadora de la cultura andina, se engarza en modos alternativos, sostenibles y afectivos de generar reflexión y conocimiento nuevo. Las artes revelan una identidad guiada por la intuición, difícil de encasillar en marcos institucionales o académicos. Este saber nacido del hacer responde a una inteligencia de los sentidos que sostiene la resistencia cultural ante las amenazas a nuestra esencia. Persistir en el trabajo manual y en la práctica artística se vuelve una necesidad vital: una forma real de resguardar pensamiento y memoria a nuestro alcance cuando todo parece incierto, fingido o desechable.
La resistencia, entendida como la capacidad de soportar y contrarrestar algo que nos amenaza o somete, adquiere en este espacio un carácter lleno de sutileza, ingenio y belleza. El arte transforma el rechazo en florecimiento y los problemas en relatos. Estas propuestas hablan en voz suave mientras todo grita. Como esa flor de la que habla Gabriela Mistral, que nace de la aspereza.
Estas obras ofrecen imágenes como sueños que pueden hacerse colectivos o como mapas para navegar hacia futuros posibles. Cada pieza es un testimonio, sea de alerta, de memoria, herencia o deseo. En ellas se encarna una certeza: las respuestas a las crisis que vivimos no vendrán desde afuera, sino desde aquí, desde lo mínimo, lo persistente, lo endémico. Sin separar lo natural de lo cultural, se busca descubrir lo que el territorio guarda de nosotros y lo que de él nos constituye como seres humanos.
María José Riveros Valle










